Gas de esquisto: la nueva energía que genera partidarios y detractores

Gas de pizarra, de esquisto o en inglés "shale gas".

Según un reciente informe del Parlamento Europeo, esta nueva y debatida fuente combustible de energía "se encuentra atrapada en el interior de una roca sedimentaria porosa, llamada esquisto, y pertenece a la categoría de los gases naturales no convencionales".

Para extraerlo, se perfora la tierra y abren brechas en las formaciones rocosas que lo almacenan, para después inyectar a alta presión agua con arena y otros químicos como ácidos, cloros y sales. Después de la extracción del gas, la presión acumulada se libera y se devuelve el líquido a la superficie. Este proceso se conoce como fractura hidráulica o “fracking”.

Las comisiones de Energía y Medio Ambiente de la Comunidad Europea han reconocido el derecho de sus Estados miembros a decidir si explotan el gas de esquisto, pero advierten que “en la perforación se necesita precaución y reglas estrictas para evitar dañar el medio ambiente”.

Algunos países de la Unión Europea como Austria, Alemania, Holanda, Suecia y Reino Unido, permiten prospecciones y se preparan para comenzar a extraer si se demuestra posible. En Polonia ya se está extrayendo, y estados como Francia, Bulgaria y República Checa han suspendido los planes al respecto.

La comisión de Industria y de Medio Ambiente del Parlamento Europeo ha aportado estudios según los cuales, el desarrollo de la extracción de gas de esquisto en Europa contribuiría a reducir la dependencia energética exterior y podría suponer una bajada global de precios y abrir nuevas oportunidades laborales.

La “cruz de la moneda” –según el Parlamento Europeo- es la gran cantidad de agua necesaria para proceder a su extracción, la contaminación de las aguas subterráneas que podría provocar, sus posibles efectos sísmicos y el riesgo de fugas.

El Reino Unido -con unas reservas de gas pizarra calculadas en 1,7 billones de euros- ha autorizado las extracciones de este combustible pizarra "con nuevas medidas de control para reducir el riesgo de actividad sísmica", después de que unas perforaciones mediante “fracking” causaran, en 2011, dos pequeños terremotos en Lancashire.

España -donde se han dado permisos para explorar el potencial de diversas comunidades autónomas – prevé autorizar las extracciones de gas no convencional cumpliendo las cautelas medioambientales y la normativa europea y entiende que, los "riesgos específicos" que implica esta técnica industrial, pueden gestionarse adecuadamente y minimizarse con la última tecnología en la materia.