Una España en crisis regresa a la energía del pasado

Apenas unos años atrás, el país era líder en energía eólica y solar gracias a un generoso sistema de primas que atrajo inversiones multimillonarias, pero los incentivos menguaron notablemente a fuerza de decretos dirigidos a neutralizar el denominado déficit de la tarifa eléctrica.

La reforma energética que tiene en marcha desde hace un año el Gobierno español representa un revés importante a las políticas de promoción de las energías renovables, alejando el sueño de una menor dependencia energética y dañando la imagen que se había forjado el país en este sector durante la última década.

Años atrás, España era líder mundial en desarrollo de energía eólica y solar gracias en buena medida a un generoso sistema de primas que atrajo inversiones multimillonarias, pero los incentivos menguaron notablemente a fuerza de decretos dirigidos a neutralizar el denominado déficit de la tarifa eléctrica, una bola de nieve que llega a 28.000 millones de euros, en medio de una crisis económica y financiera sin precedentes.

Aunque las reformas podrían suponer un alivio presupuestario a corto plazo, expertos señalaron que recortar las primas podría poner en peligro la ventaja competitiva de las compañías españolas en el sector mundial de renovables.

Por su topografía y abundancia en sol, España se encuentra en una situación privilegiada para explotar sus fuentes de energía renovable, lo que reduciría su tradicional dependencia de los hidrocarburos, caros y volátiles, y salvaguardaría un tejido industrial que ha generado empleo y crecimiento económico en la última década.

España sigue manteniendo el liderazgo en la cobertura de la demanda eléctrica con energías renovables, con el 30,8% del mix total de producción eléctrica en España, frente al 20,6% de Alemania o el 12,4% de Francia.

Sin embargo, sigue siendo excesivamente dependiente del gas importado de Argelia para los ciclos combinados y del carbón que queman las centrales térmicas, así como de la energía nuclear, que cubrió el 22% de la demanda el año pasado, seguida por el carbón (20%).

España importa alrededor de las tres cuartas partes de sus necesidades energéticas, con una factura anual en petróleo, gas y carbón de unos 40.000 millones de euros, prácticamente la misma cantidad que tuvo que pedir a sus socios europeos para rescatar a sus bancos el año pasado y lo que se ha gastado en primas al régimen especial desde 2004.

El carbón es el único carburante del que España tiene reservas significativas, aunque también se importa porque la extracción del carbón nacional es más cara y su poder calorífico menor. El carbón ha incrementando su peso en el mix energético desde 8% en 2010 hasta 19% en 2012.

La persistente caída de la demanda de electricidad en la España de los seis millones de parados ha hecho saltar las alarmas sobre un sistema retributivo calificado de excesivamente generoso por las eléctricas integradas, que han tenido que soportar en sus balances la financiación del déficit, algo que ha tenido efectos colaterales en su perfil de deuda y condicionado la estrategia de gigantes como Iberdrola.

La merma de ingresos en el sector de renovables desde el inicio de la crisis se cifra en 30% y cualquier beneficio se destinará a devolver deuda, con lo que los proyectos apenas son rentables, dijeron varias fuentes del sector.