Nuevos límites a emisiones de carbono en EEUU podrían llevar a acuerdo global

El Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, anunciará en estos días los nuevos límites a las emisiones de dióxido de carbono de las termoeléctricas estadounidenses a carbón. Sus partidarios celebran la iniciativa como una de las medidas que definirán su presidencia.

Para sus detractores, en cambio, destruirá miles de empleos y no logrará que otros países construyan más de las plantas a carbón que son una de las grandes productoras de dióxido de carbono, el más importante de los gases de efecto invernadero producido por la actividad humana.

La medida es histórica, porque los científicos comenzaron en los años 80 a pedir una acción concertada contra el cambio climático, pero recién una década después se logró un pacto global: el protocolo de Kioto, de 1997. Sin embargo, Estados Unidos no lo ratificó, restándole efectividad. La oferta de EE.UU., hace cinco años, de recortar sus emisiones en 17% respecto de los niveles de 2005 para 2020 era inferior a la de otros países industrializados. Así que la decisión de limitar las emisiones de las termoeléctricas a carbón no es sólo el paso más grande de un presidente estadounidense para abordar el cambio climático, sino el movimiento más significativo de EE.UU. en casi 20 años de conversaciones globales sobre el tema.

Llega en un momento crucial, porque tras el fracaso en Copenhague los gobiernos acordaron trabajar en un nuevo pacto que debería estar listo en París, a fines del próximo año. Hoy, el principal emisor de gases de efecto invernadero es China, con 29% del total, y no EE.UU., con 15%. China ha dicho que no es posible un acuerdo sin que EE.UU. demuestre que piensa abordar en serio el tema de sus emisiones. Ahora lo está haciendo.